Cuentan que un hombre abordó un avión rumbo a Nueva York.
Llevaba consigo algo más pesado que su equipaje: ansiedad.
El solo hecho de volar le producía miedo, así que tomó algunas pastillas para calmarse e intentó descansar.
Minutos después, un niño de unos diez años se sentó a su lado.
Era educado, tranquilo… y sorprendentemente sereno.
Mientras todos se preparaban para el despegue, él simplemente abrió su cuaderno y comenzó a colorear.
El vuelo inició… pero no fue tranquilo.
Las nubes se tornaron oscuras, llegaron tormentas, y la turbulencia comenzó a sacudir el avión con fuerza.
Los pasajeros se inquietaban, algunos oraban, otros se aferraban a sus asientos.
El miedo se podía sentir en el aire.
Pero el niño… seguía en paz.
Ni una señal de angustia.
Ni un gesto de temor.
Solo calma.
El hombre, desconcertado, no podía entenderlo.
¿Cómo podía estar tan tranquilo en medio de aquella tormenta?
Al aterrizar, no pudo contener su curiosidad y le preguntó:
—Hijo, ¿no tuviste miedo?
El niño levantó la mirada, sonrió con sencillez y respondió:
—No, señor…
mi padre es el piloto.
Esa respuesta lo dijo todo.
Hay momentos en la vida donde todo tiembla…
donde las circunstancias nos sacuden como una tormenta inesperada.
Momentos en los que sentimos que perdemos el control, que no hay suelo firme bajo nuestros pies, que no sabemos qué va a pasar.
Y es ahí donde nuestra fe es probada.
Podemos vivir dominados por el miedo…
o podemos descansar en una verdad más grande:
No estamos solos en este vuelo.
Nuestro Padre Celestial está en control.
Él no pierde el rumbo.
Él no se equivoca.
Él no abandona.
La fe no elimina la tormenta…
pero sí nos da paz en medio de ella.
Como dice el Salmo:
“Como un niño en brazos de su madre, así está mi alma dentro de mí…”
Esa es la confianza que Dios quiere para nosotros:
una fe sencilla, profunda y segura…
la de un hijo que, aunque no entiende todo lo que pasa, sabe en quién ha confiado.
Hoy, tal vez estás atravesando turbulencias.
Tal vez el miedo ha querido tomar el control.
Pero recuerda esto:
El mismo Dios que creó el cielo… es quien dirige tu vida.
Así que no temas.
No te desesperes.
No pierdas la paz.
Porque aunque el avión se sacuda…
tu Padre sigue siendo el Piloto.

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