Luego de oír el mensaje de la palabra de Dios,
ellos reconocieron a Cristo como su único Señor y Salvador, postrados ante Él
gran Rey, decidieron seguir sus pisadas, abandonaron para siempre los placeres
viles del mundo y escogieron seguir a Cristo por siempre.
No hay alegría más grande para un verdadero cristiano, como
aquel momento, cuando vemos personas rendidas ante los pies de Cristo. Nada ha
de compararse con el amor que en ese instante invade en nuestros corazones,
pues nuestras palabras no resuenan más fuerte que nuestras acciones.
Sabemos que amar el prójimo es de
valientes, es de aquellos que no necesitan tener un lazo amical de años, sino
de quienes abren las puertas de su corazón para abrazar fuertemente a un
hermano más en la fe, un guerrero más que decidió negarse para este mundo y
seguir a Cristo.
Seguir sus pisadas, de tal modo que la vida
misma esté encaminada por el fiel guiador, aquel que nos ha trazado el más
bello sendero para recorrerlo de su mano, poniendo a nuestro alcance
experiencias únicas y verídicas, que no hacen más que expresarnos su magnífico
poder. Porque cuando Dios obra en nosotros, no hay límite para creer en todo lo
que Él puede hacer en nosotros.
En nosotros, que cierto día humillados invocamos su Santo
Nombre, y por consiguiente reconocimos todos los pecados que cometimos, y Él
que es bueno y misericordioso, nos perdonó, nos acogió entre sus brazos y nos
cambió la vida
Esto ha pasado con un grupo de Paraguayos,
que se reunieron en un evento cristiano, realizado por la Iglesia del
Movimiento Misionero Mundial en Itauguá, del 25 al 27 de enero. Luego de oír el
mensaje de la palabra de Dios, ellos reconocieron a Cristo como su único Señor
y Salvador, postrados ante Él gran Rey, decidieron seguir sus pisadas,
abandonaron para siempre los placeres viles del mundo y decidieron seguir a
Cristo por siempre.
Fuente: impactoevangelistico.net
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