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Mis mejores momentos no son los que reciben aplausos…
son aquellos en los que estoy a solas con Él.

Porque es en el silencio donde mi alma encuentra respuestas,
donde las lágrimas que nadie ve son recogidas por Dios
y donde mi corazón vuelve a latir con esperanza.

A solas con Él no necesito fingir,
no tengo que demostrar nada…
solo soy yo, rendido ante Su presencia.

Es allí donde Él sana lo que el mundo no entiende,
restaura lo que parecía perdido
y fortalece lo que estaba a punto de quebrarse.

Muchos buscan a Dios en lo visible,
pero los verdaderos encuentros ocurren en lo secreto.
Porque antes de mostrar Su gloria en público,
Dios forma carácter en lo íntimo.

En ese lugar escondido, Él me recuerda quién soy,
me levanta cuando nadie más lo hace
y me prepara para lo que aún no veo.

Hoy lo entiendo:
no hay lugar más poderoso que estar a solas con Dios.

Reflexión final:
Si cuidas tu relación con Dios en lo secreto,
Él se encargará de manifestar Su poder en tu vida delante de todos.

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