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“Bendito el varón que confía en Jehová…”

No es solo una frase… es una declaración que separa dos formas de vivir:
los que dependen de lo que ven, y los que viven sostenidos por lo que creen.

Porque confiar en Dios no es un acto emocional… es una decisión radical.
Es elegir permanecer firme cuando todo dentro de ti quiere rendirse.
Es seguir creyendo cuando no ves respuestas.
Es echar raíces en lo invisible, sabiendo que ahí está la verdadera fuente.

El mundo celebra lo rápido, lo fácil, lo visible.
Pero Dios honra lo profundo, lo constante, lo escondido.

El hombre que confía en Él es como un árbol que no se impresiona por la sequía…
porque su vida no depende del clima, sino de la fuente.

Cuando otros se desesperan, él descansa.
Cuando otros retroceden, él permanece.
Cuando otros se secan, él florece.

¿Por qué?

Porque hay algo que nadie ve…
raíces profundas que tocan lo eterno.

Tal vez hoy estás atravesando una temporada difícil.
Tal vez sientes que todo a tu alrededor se está secando.
Pero si tu confianza sigue en Dios, entonces lo que parece el final… en realidad es el escenario donde tu fe se vuelve inquebrantable.

Dios no solo quiere darte fruto…
quiere darte firmeza.
No solo quiere sacarte de la prueba…
quiere enseñarte a permanecer en ella sin perder la paz.

Hoy no necesitas que cambie el clima…
necesitas profundizar tus raíces.

Porque cuando tus raíces tocan a Dios,
ni la sequía te detiene,
ni el temor te gobierna,
ni el tiempo te desgasta.

Serás firme. Serás constante. Y darás fruto… incluso cuando nadie más lo logre. 

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