El café es popular en China,
especialmente entre los millennials. Más cafeterías están surgiendo en la
capital. Pero entre tantas ofertas, un propietario está aprovechando la
atracción que muchos sienten por esta bebida para compartir un mensaje que está
cambiando sus vidas. Si
pudiera elegir algún color para describir su ciudad ¿cuál sería? Para quienes
viven en Pekín, es el amarillo.
A donde
quiera que vaya en Pekín, verá estas encantadoras bicicletas amarillas. Ellas
han llegado a ser la mayor atracción de esta ciudad moderna.
Hace un
año, cuando todas estas bicicletas fueron traídas a China, mucho se sintieron
extraños y poco familiarizados. Hoy, son el medio de transporte más popular de
la nación.
“Donde
quiera que voy, disfruto hacerlo en bicicleta. Hacen nuestra vida más fácil. Y
sus colores brillantes hacen a Pekín más atractiva y moderna”, dice un
habitante de Pekín.
Y hay
algo más para lo cual están siendo utilizadas las bicicletas—entregas de café
en Pekín.
Han Ye Wei es nativo de Pekín.
Desde los 19 años, se involucró en el negocio del café. Durante mucho tiempo,
se sintió fascinado por el aroma único y su delicioso sabor.
"La
primera vez que saboreé el café, me sentí atraído por el sabor, algo que nunca
antes había probado, Starbucks era nuevo en China, los chinos no entendían cómo
apreciar esta bebida occidental", comenta Han Ye Wei.
Wei
tuvo la determinación para aprender más sobre el café. Él aprendió como hacerlo
y creo sus propias recetas únicas.
“Estaba
tan ansioso por perseguir mi propia pasión, pero no fue fácil, cuando me
enfrenté a obstáculos, me frustré, pero sabía que podía hacerlo, de alguna
manera no podía hacerlo bien, parecía que faltaba algo", precisa Han Ye
Wei.
Wei
comenzó a pasar más tiempo lejos de su familia. Su esposa sintió que no estaba
dedicado a su matrimonio ni a sus hijos.
Un día,
Wei conoció a un amigo cristiano y compartió su frustración y preocupaciones.
Luego de una larga plática, Wei se dio cuenta de lo que se estaba perdiendo y
comenzó a interesarse en ir a la iglesia. Y tomó una decisión.
“El
mismo día, antes de ir a la cama, di mi vida a Jesús. Quería que me ayudara a
ser un barista exitoso. No podía hacerlo solo”, dice Han Ye Wei.
Wei aprovechó la oportunidad
para abrir su propia cafetería en uno de las áreas más populares de Pekín. Su
negocio creció. Y comenzó a usar la bicicleta para entregar café a sus
clientes.
“Es
como si Dios abriera de repente un grifo, la gente empezó a venir a mi
cafetería, estaba abrumado por las bendiciones y las provisiones. Él me enseñó
mucho a lo largo de los años”, dice Han Ye Wei.
Siendo
el propietario de la cafetería por más de diez años, Wei estaba agradecido por
lo que Dios le había proporcionado. Gradualmente, comenzó a invitar a sus
clientes a escuchar sus historias, así como animar a los jóvenes a conocer a
Jesucristo.
“La
personas siempre me preguntan cómo llegué a ser exitoso. Es importante para
ellos oír mis historias. No es sobre mí. Dios lo hizo por mí”, dice Wei.
Cada
noche de viernes, Wei realiza estudios bíblicos en su cafetería. Él no teme sobre
los cuestionamientos de la gente. Él está apasionado de compartir el evangelio
con cada visitante.
“Wei es
un gran maestro. Es muy paciente cuando nos explica los libros de los
evangelios. Sus historias sobre Dios me tocan”, comenta Rui Zhang.
Tratar de hacer una vida en una
ciudad tan grande como Pekín y Shanghai no es fácil. Wei ve más millennials
chinos inundar Pekín para alcanzar sus sueños. Él está planeando abrir más
cafeterías alrededor de la nación.
El
propósito es invitar a más amantes del café a su local, y darles la oportunidad
de conocer cuán grande es su Dios.
“Ser
exitoso no es fácil. Pero cada uno tiene las oportunidades para lograr sus
sueños al conocer a Dios y seguir sus principios”, concluye Wei.
Fuente: www1.cbn.com
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